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¿Y qué pasará con la seguridad colectiva?

Wilfredo Robayo Galvis

Con la aparición de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y de otras importantes organismos internacionales que aparecen en el siglo XX, como la Organización de los Estados Americanos (OEA), la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), la Unión Europea (UE), podría parecer que los retos y los desafíos para la paz y la seguridad internacionales se enfocaban hacia nuevas amenazas derivadas del uso de la energía nuclear con fines militares, los grupos terroristas, entre otros grandes problemas de envergadura mundial. No obstante, con el nuevo escenario anunciado por el Presidente de los Estados Unidos de América, Donald Trump, aparecen, una vez más, viejas preocupaciones y surgen nuevas inquietudes.

El concepto de seguridad colectiva se fue acuñando desde el fin de la Primera Guerra Mundial, cuando en la Conferencia de París, precisamente el en aquel entonces, Presidente de los Estados Unidos, Woodrow Wilson, propone un sistema de seguridad colectiva que daría origen a la Sociedad de las Naciones, circunstancia que lo llevó a recibir en 1919 el Premio Nobel de la Paz.

Poco a poco esta idea de la seguridad colectiva ha venido evolucionando, no solamente considerándose desde un punto de vista militar. Hoy en día, la seguridad colectiva implica también aspectos humanos, ambientales e incluso, culturales. De tal forma, que frente a las circunstancias que alteren la paz y la  seguridad internacionales, todos los miembros del sistema toman en consideración la situación y reaccionan de manera conjunta. En pocas palabras, una renuncia al soberanismo permitiendo el paso a la cooperación y a la solidaridad.

No obstante, las declaraciones del Presidente Trump dejan entrever un rezago de soberanismo, que no es otra cosa más que la llamada razón de Estado, es decir, argumentos y decisiones de un gobernante, que tienen como objetivo proteger y acrecentar la fuerza del Estado, de tal manera que la supervivencia del mismo deberá prevalecer sobre los derechos e intereses tanto individuales como colectivos. Así pues, dichos anuncios ponen en entredicho el compromiso de la potencia estadounidense, en relación con las amenazas que enfrenta el mundo en la actualidad y que con seguridad, encontrarían una mejor respuesta en la acción colectiva.

Bajo este escenario, deben ser comprendidas las manifestaciones del Presidente norteamericano, sobre todo cuando declaró que cada Estado tendrá que darle solución a sus propios problemas. Por supuesto, no se trata de una reivindicación del principio de no intervención en los asuntos internos, sino de un llamado a la razón de Estado, al individualismo que parecía haber sido “superado” décadas atrás.

Así mismo, el mundo empieza a observar con preocupación circunstancias tan sensibles como la intención de Trump de fortalecer y expandir significativamente su capacidad nuclear a través de un aumento del programa de armas nucleares, en la medida que otros países incrementen su potencial. Dicha pretensión de carrera armamentística, similar a la de la Guerra Fría, sería manifestada por el mandatario estadounidense después de conocer la iniciativa rusa de reforzar su potencial militar nuclear, aun cuando los ex Presidentes Barack Obama y Dmitri Medvedev, firmaron el Tratado de Reducción de Armas Estratégicas nucleares en Praga en el año 2010. Todo lo anterior, no puede ser analizado sin recordar que el Presidente de los Estados Unidos de América, se encuentra acompañado de manera permanente de un asesor militar, quien cuenta con el famoso maletín que contiene los códigos nucleares, los cuales Trump podría activar y utilizar sin requerir ninguna autorización. He aquí una de las debilidades del sistema de control de los pesos y los contrapesos.

Otro de los aspectos que más incertidumbre ha causado, es aquel relacionado con la lucha contra el terrorismo yihadista. Días atrás se ha anunciado que Estados Unidos y Rusia harían una alianza para llevar avante esta empresa, sobre la cual ya empezó a trabajar el Presidente norteamericano, con medidas tan tenebrosas como el veto migratorio, una manifestación más de la razón de Estado.

No podemos dejar por fuera las preocupaciones derivadas de los cuestionamientos que ha hecho el Presidente Trump a la eficacia de las órganismos supranacionales. Por un lado, podemos ver una arremetida frontal contra la OTAN, a la cual calificó de obsoleta en cuanto a su lucha contra el terrorismo, al mismo tiempo que criticó el incumplimiento en los aportes por parte de la mayoría de los Estados europeos. Aunque esto no significa un golpe fatal para la organización, si demuestra que el mandatario norteamericano le apuesta más, en este momento, a su alianza con el Presidente Vladimir Putin, que a los mecanismos de seguridad colectiva.

Por su parte, la ONU también fue blanco de sus críticas, a la cual considera “un club de gente para reunirse, hablar y pasárselo bien”, afirmación que hace  luego de conocer la decisión del Consejo de Seguridad de exigir a Israel poner fin a los asentamientos en territorio Palestino. Según Trump, esta circunstancia no ayuda para el objetivo de conseguir la paz entre estas dos naciones. Sin embargo, aún está viva la intención del Presidente estadounidense de trasladar su embajada en Israel desde Tel Aviv a Jerusalén, escenario que sin lugar a dudas tensionaría el ambiente entre todas las tres naciones.

Por último, y no por eso menos importante, las palabras de la nueva embajadora de los EE UU ante la ONU, dejan un sinsabor que cuestiona una vez más el respeto y compromiso con la seguridad colectiva. Nikki Haley afirmó en una corta declaración: “Tenemos que respaldar a nuestros aliados y asegurarnos de que nuestros aliados nos respaldan. Y quienes no nos respalden, que sepan que vamos a apuntar sus nombres, y vamos a responder como corresponda”. ¿Amenaza o llamado a las naciones para trabajar  unidas?

En los próximos meses será necesario seguir en detalle y con mucha atención la controversial propuesta de la construcción del muro en la frontera con México, así como la reacción y la posición de la OEA y los Estados americanos frente a las políticas xenófobas anunciadas, que, por supuesto, también pueden representar un problema para la seguridad de la región.

Igualmente debemos esperar para conocer la posición del nuevo gobierno de EE UU frente al conflicto en Siria, el conflicto de Crimea y por supuesto, el proceso de paz en Colombia. Sin lugar a dudas, vendrán tiempos difíciles para la comunidad internacional con la llegada de Donald Trump como Presidente de la potencia más influyente del mundo.

Pronto sabremos si la cooperación y solidaridad entre los pueblos del mundo, realmente lograron derrotar la egoísta y amenazante razón de Estado.


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Un comentario en “¿Y qué pasará con la seguridad colectiva?

    comentó:
    febrero 8, 2017 a las 12:01 pm

    Hola Wilfredo! Es muy llamativo cómo se está cuestionando hoy en día el riesgo en que podría estar la seguridad colectiva frente a las declaraciones del nuevo mandatario de los Estados Unidos: “cada Estado debe solucionar sus propios problemas”. Más aun cuando de manera reciente, la preocupación por una posible vulneración a ese principio se hacia desde el otro extremo: “un exceso de intervencionismo (sobretodo militar) de los Estados Unidos”.
    Si recordamos las intervenciones militares de Estados Unidos desde los años 2000, bajo la bandera de lucha contra el terrorismo, éstas han sido numerosas y mayoritariamente con nefastos resultados (intervención en Afghanistan por más de 10 años, intervención en Filipinas en 2002, guerra contra Iraq de casi 10 años, intervención militar en Libia en 2011y acciones en curso en Pakistan, Iraq, Siria y Somalia entre otras). Muchas de estas acciones no contaron con la aprobación de los Estados donde tuvieron lugar, otras fueron aisladas y no tuvieron el respaldo de la OTAN, y otras no tenían la aprobación de la ONU, incluso, algunas de ellas estuvieron en contra de ciertos acuerdos que se dieron en el seno de esta última organización.
    En consecuencia, que Estados Unidos haga caso omiso de acuerdos o que decida actuar al margen de algunas organizaciones como la ONU y la OTAN, no es una novedad en nuestro siglo. La que si es una novedad, es que el mandatario exprese de manera menos diplomática su parecer frente a esas instituciones.
    Ahora bien, la preocupación de una vulneración al principio de seguridad colectiva por razones que puedan afectar el medio ambiente o incrementar el desarrollo de armas nucleares, es una ventana que han dejado abierta de manera reiterada los últimos gobiernos de Estados Unidos. Lo anterior al rehusar ratificar tratados obligatorios en materia de cambio climático o de destrucción y proliferación de armas nucleares. La ausencia del vigor de esos acuerdos o de ciertas cláusulas especificas para Estados Unidos es lo que nos impide hoy exigir otra actitud del nuevo presidente de Estados Unidos.

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