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Unwelcome only in trumpland?

Alexandra Castro Franco

Con grande sorpresa y admiración han reportado los medios de comunicación las recientes medidas adoptadas por el presidente Donald Trump con relación a la gestión migratoria en el suelo americano. El discurso de Trump con amplios tintes nacionalistas, se alimenta de los miedos injustificados y los estereotipos que se construyen alrededor del migrante como sujeto peligroso, nocivo no sólo para la seguridad de los países de destino, sino también para la economía, la cultura y las tradiciones de estos lugares. El  mensaje resulta exacerbado por el personaje de Trump, por su tinte populista y por la paradoja de darse en un país construido justamente por inmigrantes. Sin embargo, a la hora de analizar los grandes retos que implica la gestión migratoria en la era de Trump tenemos que entender que no se trata de un personaje salido fuera de contexto sino, por el contrario, un producto del contexto global de restricción migratoria y desconocimiento de los derechos de los migrantes, en el que vivimos.

Analicemos algunas de las medidas que quiere implementar Trump y su implementación en otros lugares.

En primer lugar, la construcción de muros con el fin de separar Estados vecinos no resulta una novedad propuesta por Trump. Para dar solamente algunos ejemplos, los muros en Seuta y Melilla, levantados desde mediados de los años noventa por España separan la llegada de migrantes desde Marruecos, estas personas en muchas ocasiones han huido de la miseria y pagado grandes sumas de dinero para poder llegar a su destino. La foto de un campo de golf que tiene como decoración un muro en el que cuelgan personas intentando pasar al otro lado, sirve de imagen perfecta de la manera como se ha intentado gestionar la migración desde hace ya mucho tiempo por medio de barreras artificiales que al final de cuentas nunca son infranqueables[1].

En Libia, por otro lado, se denuncian las condiciones de detención de los migrantes en campos y prisiones privadas en las cuales “Diariamente hay innumerables ejecuciones de inmigrantes, torturas, violaciones, sobornos y exilios al desierto”[2]. Esta misma práctica de la detención de inmigrantes y solicitantes de asilo en aeropuertos, cárceles y centros de retención se multiplica, no solamente en Estados Unidos sino en muchos otros países del mundo, pero de manera callada, sin dar grandes discursos o tomar una foto en el momento de implementar la medida[3].

La situación en los otros países del continente no es mucho mejor. Toda América latina le ha servido de tapón a Estados Unidos para evitar que al país del Norte lleguen migrantes provenientes de países como Cuba, Nepal, Bangladesh, Nigeria, por citar sólo algunos. En el 2016 fuimos testigos de la romería de los cubanos que pasando por rutas cada vez más extremas intentaban llegar a cumplir el sueño americano y se enfrentaban a las autoridades migratorias de los países de transito, quienes impedían su viaje o lo entorpecían con el fin de ayudar a Estados Unidos a cumplir con su propósito de gestión migratoria. Al día de hoy, encontramos como diariamente los países centroamericanos devuelven a los cubanos que se encontraban en la mitad de camino mediante procedimientos arbitrarios y sin que de esta situación nadie de cuenta.

En segundo lugar, la negativa de ingreso, de los nacionales originarios de una lista de países del mundo, resulta discriminatoria al estar dirigida a un grupo específico de personas con el único justificativo de su origen nacional, desconoce además el derecho a solicitar asilo y ha vulnerado el principio de no devolución.

EEUU sin embargo, no es el único país que ha desconocido los derechos de los refugiados recientemente. El acuerdo suscrito por la Unión Europea con Turquía no resulta más respetuoso de los estándares internacionales en materia de refugio, los países de la Unión desconocen también los derechos de los solicitantes de asilo, vulneran el principio de no devolución pero lo hacen con un discurso más moderado con lo cual generan menos controversia. En América Latina, el año pasado, Nicaragua, Costar Rica y Panamá cerraron sus fronteras para evitar que los cubanos transitaran por allí, mientras que Ecuador y Colombia deportaban cubanos sin el lleno de las formalidades que el derecho internacional impone para este tipo de procedimientos.

En conclusión, las medidas adoptadas por Trump resultan sin duda peligrosas, se han alimentado de los miedos injustificados y han servido de eco para que las fracciones más nacionalistas salgan a relucir su lado más oscuro. Sin embargo, lo cierto es que Donald Trump es el portavoz de un mensaje que tímidamente ha venido forjándose tímidamente en los discursos políticos y en las políticas y prácticas de los Estados, este mensaje invita a desconocer las obligaciones internacionales de los Estados en materia de derechos humanos, amparados en el interés de controlar las fronteras y mantener la soberanía.

Por más que no estemos de acuerdo con el “mensajero” la única forma de atacarlo y de evitar que sea remplazado por otro personaje, es entender que su mensaje no es del todo novedoso, y que debemos alzar nuestra voz no solamente contra las políticas migratorias de Trump sino contra cualquier manifestación de este tipo, que se dé en cualquier país del mundo, sea que se de cómo una política de Estado, o como una práctica policiva.

En este orden de ideas, el reto más grande que tenemos en la región es entonces el de apegarnos a nuestra tradición latinoamericana de respeto a los derechos de los migrantes y refugiados, cumplir las obligaciones internacionales que tenemos al respecto y estar prestos a defender los intereses de nuestros nacionales, cuando quiera que los ataques de la nueva administración Trump busquen desconocer sus derechos humanos.

[1] Ver por ejemplo el siguiente video. https://www.youtube.com/watch?v=Vb1lP69c3ZA

[2] http://www.eldiario.es/theguardian/Libia-crisis-refugiados-comportaban-psicopatas_0_528797416.html.

[3] Para seguir con ejemplos europeos, la red migreurop publica un mapa de los campos de retención de los extranjeros en el Continente europeo y los países vecinos. Ver: http://www.migreurop.org/article2216.html?lang=fr


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Un comentario en “Unwelcome only in trumpland?

    comentó:
    febrero 8, 2017 a las 9:06 am

    Hola Alexandra, Está muy interesante tu post. Al respecto creo que sería bueno precisarle a los lectores por qué a pesar de que el tema migratorio pertenece a la órbita de la soberanía de los Estados, éste podría encontrar un límite en el derecho internacional y sobretodo en la aplicación del derecho internacional de los derechos humanos. Otro aspecto que me llama la atención de las medidas de Trump es quiénes son los 7 Estados contra los cuales el gobierno de los Estados Unidos pretende cerrar sus fronteras? (Siria, Iraq, Irán, Libia, Somalia, Sudán y Yemen) y por qué dentro de ellos no se incluyó por ejemplo Afganistan? Realmente el discurso político de lucha contra el terrorismo es la base de esas decisiones?

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